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Problemas éticos de la actualidad.


La existencia de las normas morales siempre ha afectado a la persona humana, ya que desde pequeños captamos por diversos medios la existencia de dichas normas, y de hecho, siempre somos afectados por ellas en forma de consejo, de orden o en otros casos como una obligación o prohibición, pero siempre con el fin de tratar de orientar e incluso determinar la conducta humana.

ÉTICA Y GLOBALIZACIÓN.

La globalización es un mecanismo de exportación de valores que premia a los países que trabajan y ahorran más, que tienen mayor capacidad innovadora, son más abiertos y disfrutan de mayor cohesión social, para quien también representa un mecanismo de exportación de los valores cívicos. Las comunidades del mundo de hoy no se preguntan a quién pertenecen los capitales sino en qué país se asentarán, que es lo mismo que preguntarse dónde el dinero generará fuentes de trabajo y a qué Estado pagará impuestos que puedan aumentar el nivel de vida de una nación.

La revalorización del "derecho de gentes" no se limita al terreno económico. Los derechos humanos, la lucha internacional contra el terrorismo, contra la droga, el lavado de dinero y la corrupción han debido ser tomadas en serio por Estados que antes se burlaban de la comunidad de naciones.

Entre 1996 y 1997, la mayor parte de las naciones de occidente y algunas de oriente firmaron compromisos expresos contra la corrupción. En 1996 lo hicieron 22 países de América con la Convención Interamericana Contra la Corrupción. En 1997, casi toda Europa, varios países de América y de Asia, firmaron la Convención para Combatir el Soborno de Funcionarios Públicos Extranjeros en la Transacciones Comerciales Transnacionales.

El Estado del siglo XX esa corrupción, sumada a las aventuras bélicas, llevaron a la quiebra a los Estados, los cuales se vieron ante la necesidad de acudir al financiamiento externo. Hoy, los capitales ponen condiciones a los Estados, pero no son ya las condiciones clandestinas de la corrupción, sino condiciones institucionales. Paradójicamente, esas condiciones no son tan malas como creen los manifestantes de Seattle. Ellas consisten en transparencia, ética pública, equilibrio fiscal, estabilidad monetaria y respeto a los derechos humanos. ¿Es malo todo eso?

No sólo la ética pública parece haber sido revalorizada por la globalización. La ética personal tiene, al menos, una oportunidad de fortalecerse merced a la muerte de las ideologías, propias de una etapa en la que toda actividad humana parecía demandar de manera insustituible al Estado.

Hoy que las ideologías se han estrellado contra la realidad, el mundo ha comenzado a valorizar los principios comunes a todos los pueblos, cuya parte sustancial se expresa en el derecho de gentes, y el relativismo moral está perdiendo terreno a pasos agigantados.

Un ejemplo latente, la droga maneja en el mundo algo así como 500.000 millones de dólares al año, según algunas estimaciones que bien podrían no haber medido el fenómeno en toda su magnitud. Ese mal está arrasando, en sí mismo, con la juventud y su estabilidad emocional y moral. Pero además, está generando un monstruo capaz de arrasar con el sistema capitalista, que es el lavado de dinero.

Como se sabe, el lavado de dinero es un procedimiento destinado a dar apariencia legítima a fondos que proceden del crimen organizado, en buena medida, del narcotráfico. A tal fin, el dinero del avado adquiere negocios legítimos y simula ganancias que en realidad encubren el verdadero origen de los ingresos.